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martes, 15 de enero de 2013

“Cuando me case, te recojo mamá”



Una mujer viciosa, vendedora de drogas y amante de muchos es catalogada en la calle 8 de Caucasia Luz María Soto. Que mete hombres a su casa, maltrata a sus hijos física y verbalmente y estuvo encarcelada, son los rumores que  corren  por la solitaria, violenta y enigmática “8” del barrio Nueva Estrella.
Fue criada en una familia humilde conformada por cuatro personas que día a día solían vender fritos, mazamorra, carbón y bollo por todo el municipio, por tanto nunca les faltó nada. Solo eran Luz María Soto, su mamá y dos hermanos (hombre y mujer), pues su padre los abandonó desde que ella, la menor de sus hermanos, estaba en el vientre de su progenitora.
Esta situación ocasionó que Luz María, a sus 16 años  trajera a vivir a su casa al padre de sus siete hijos. Este hombre la golpeaba e insultaba, sin respetar la presencia de su madre quien murió unos años después de su llegada; a partir de eso, los maltratos empeoraron. “No me  daba comida, sino golpe, por eso fue mi peor error casarme”, dijo ella con esos ojos brillantes llenos de dolor, una voz entrecortada y un rostro que expresaba la infelicidad que vivió durante los 14 años que compartió  su vida con él, hasta que éste la abandonó totalmente.
Su existencia cada día se hace más dura para sostener a sus hijos, le ha tocado pedir comida y ropa en las calles, además de trabajar en servicios domésticos cuando la soliciten. Sin embargo, ha contado con personas que la quieren y le obsequian cualquier caldero, plato o televisor. Su mayor preocupación siempre ha sido la alimentación de sus hijos, debido a eso pasa estresada pensando en el día de mañana, “eso la va a matar”, como le dice su doctor.
Lo que más la atormenta a diario es el almuerzo de sus hijos. Que cuando lleguen los cuatro que tiene bajo su potestad encuentren algo que comer. Por suerte el desayuno se lo dan en el colegio, una preocupación menos. Pese a esto, en las noches nunca es segura una cena, a no ser que los niños traigan comida de la escuela o los vecinos les regalen.
Afortunadamente ha contado con la suerte y el apoyo de Aguascol, el cual le regala el servicio de agua; mientras tanto, el Gobierno anualmente matrícula gratis a sus hijos y le suministra los útiles escolares.
A sus 40 años, Luz María, es una mujer que parece más joven, morena, ojos negros, cabello castaño y viste con short y blusas descotadas. A pesar de su adultez, convive desde hace 7 años con un hombre que casi dobla en edad, pues tiene 24. Ella dice: “Dos,  hacen más que uno”, esta necesidad por obligación rige su vida. Con este hombre tuvo su último hijo de 4 años, también él, vive en la casa de ella que le dejó su madre; trabaja en cualquier oficio y según Luz María, éste sí la quiere y es muy bueno con sus hijos.
No obstante, el esfuerzo que hace esta madre por sus niños, parece ser en vano. Wendy su hija de 12 años, cuando su mamá no le presta atención, a sus espaldas la mira feo, le abre los ojos e intenta con su rebeldía alzarle la mano.
Sin importar estos hechos, que Luz María conoce, ella se esmera y se alegra por la vida y los momentos felices de sus hijos: alegre trae la foto de la comunión de una de sus hijas, quien no vive con ella porque la está criando su abuela (la mamá del padre), y la muestra con orgullo.
Esta madre sufrida, tímida, desconfiada e “ignorante” al dejarse embarazar 7 veces de un hombre que no la valoró, como ella misma decía, fue la única que respondió por su padre muerto después de que la abandonó. Pidió apoyo del municipio para enterrarlo y a la Policía para que la ayudaran a cargar la caja del muerto a la casa. A raíz de eso la gente rumoraba “se la llevaron por vendedora de drogas”, “la soltaron porque se compadecieron de sus hijos”, etc. Es así, como los pobres, tras tantos rumores, cada día son más vulnerables.
A pesar de todo, esta mujer dice ser feliz  y vive por sus hijos, quiere que estudien para que no sufran como ella. Sólo espera que algún día ellos se lo agradezcan: “El que siembra, recoge”, expresa humildemente. Mientras tanto vive esta vida  refugiándose en la esperanza que le da una  de sus hijas “cuando me case, te recojo mamá”.
* Crónica elaborada con apoyo de Susana Márquez Susa-marquez @hotmail.com

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