Una mujer
viciosa, vendedora de drogas y amante de muchos es catalogada en la calle 8 de
Caucasia Luz María Soto. Que mete hombres a su casa, maltrata a sus hijos física
y verbalmente y estuvo encarcelada, son los rumores que corren
por la solitaria, violenta y enigmática “8” del barrio Nueva Estrella.
Fue
criada en una familia humilde conformada por cuatro personas que día a día
solían vender fritos, mazamorra, carbón y bollo por todo el municipio, por
tanto nunca les faltó nada. Solo eran Luz María Soto, su mamá y dos hermanos
(hombre y mujer), pues su padre los abandonó desde que ella, la menor de sus
hermanos, estaba en el vientre de su progenitora.
Esta
situación ocasionó que Luz María, a sus 16 años trajera a vivir a su casa al padre de sus
siete hijos. Este hombre la golpeaba e insultaba, sin respetar la presencia de
su madre quien murió unos años después de su llegada; a partir de eso, los
maltratos empeoraron. “No me daba
comida, sino golpe, por eso fue mi peor error casarme”, dijo ella con esos ojos
brillantes llenos de dolor, una voz entrecortada y un rostro que expresaba la
infelicidad que vivió durante los 14 años que compartió su vida con él, hasta que éste la abandonó
totalmente.
Su
existencia cada día se hace más dura para sostener a sus hijos, le ha tocado
pedir comida y ropa en las calles, además de trabajar en servicios domésticos
cuando la soliciten. Sin embargo, ha contado con personas que la quieren y le
obsequian cualquier caldero, plato o televisor. Su mayor preocupación siempre
ha sido la alimentación de sus hijos, debido a eso pasa estresada pensando en
el día de mañana, “eso la va a matar”, como le dice su doctor.
Lo
que más la atormenta a diario es el almuerzo de sus hijos. Que cuando lleguen
los cuatro que tiene bajo su potestad encuentren algo que comer. Por suerte el
desayuno se lo dan en el colegio, una preocupación menos. Pese a esto, en las
noches nunca es segura una cena, a no ser que los niños traigan comida de la
escuela o los vecinos les regalen.
Afortunadamente
ha contado con la suerte y el apoyo de Aguascol, el cual le regala el servicio
de agua; mientras tanto, el Gobierno anualmente matrícula gratis a sus hijos y
le suministra los útiles escolares.
A
sus 40 años, Luz María, es una mujer que parece más joven, morena, ojos negros,
cabello castaño y viste con short y blusas descotadas. A pesar de su adultez,
convive desde hace 7 años con un hombre que casi dobla en edad, pues tiene 24. Ella
dice: “Dos, hacen más que uno”, esta
necesidad por obligación rige su vida. Con este hombre tuvo su último hijo de 4
años, también él, vive en la casa de ella que le dejó su madre; trabaja en
cualquier oficio y según Luz María, éste sí la quiere y es muy bueno con sus
hijos.
No
obstante, el esfuerzo que hace esta madre por sus niños, parece ser en vano.
Wendy su hija de 12 años, cuando su mamá no le presta atención, a sus espaldas la
mira feo, le abre los ojos e intenta con su rebeldía alzarle la mano.
Sin
importar estos hechos, que Luz María conoce, ella se esmera y se alegra por la
vida y los momentos felices de sus hijos: alegre trae la foto de la comunión de
una de sus hijas, quien no vive con ella porque la está criando su abuela (la
mamá del padre), y la muestra con orgullo.
Esta
madre sufrida, tímida, desconfiada e “ignorante” al dejarse embarazar 7 veces
de un hombre que no la valoró, como ella misma decía, fue la única que respondió
por su padre muerto después de que la abandonó. Pidió apoyo del municipio para
enterrarlo y a la Policía para que la ayudaran a cargar la caja del muerto a la
casa. A raíz de eso la gente rumoraba “se la llevaron por vendedora de drogas”,
“la soltaron porque se compadecieron de sus hijos”, etc. Es así, como los
pobres, tras tantos rumores, cada día son más vulnerables.
A
pesar de todo, esta mujer dice ser feliz
y vive por sus hijos, quiere que estudien para que no sufran como ella.
Sólo espera que algún día ellos se lo agradezcan: “El que siembra, recoge”,
expresa humildemente. Mientras tanto vive esta vida refugiándose en la esperanza que le da
una de sus hijas “cuando me case, te
recojo mamá”.
* Crónica elaborada con apoyo de Susana Márquez Susa-marquez @hotmail.com
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