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lunes, 16 de noviembre de 2009

DEL OTRO LADO DE LA ESCENA.

Tras el pequeño telón, o a decir verdad, la sábana de color rojo, aquella que los demás “cogieron de parche” y sacó de apuros a muchos (de nuestro compañeros), se sentía un pequeño temor y misterio acerca de cómo iban a resultar los hechos allá en nuestra escena (de títeres), que a pesar de no verse nuestro rostros, la angustia nos invadía y no sabíamos cómo actuar para cambiar la voz, impactar, o hacer cosas chistosas que a la vez comunicaran el problema de los préstamos bibliotecarios. Nos disputábamos entre lo práctico o lo ¿improvisado? Algunos no querían, pero intuíamos que “al natural”, en cuestión de títeres, era más divertido. Algunos como Zami querían agregar un papel extra, algo chistoso: el de la supuesta hija de la bibliotecaria de la universidad (Mariela), además de recomendarle a Eder que representara a Mauricio (un monitor de biblioteca), pero no quería, puesto que ya había otro papel como alumno para él, pero ella, insistía en que su forma de hablar y expresarse se asemejaban a la de aquel. No obstante, nos llegó el momento.
¡Puff!, como un choque entre parejas, así fue el inicio, la presentación: “¿Tú qué haces por aquí?” -se respondió- “voy a prestar un libro” –y refunfuñando- “pues al próxima fíjate por dónde caminas”. Acto seguido, una muñeca de labios rojos cornudos, cabello corto y “blanca” (o amarillenta), era Mariela, a quien acudió una alumna negrita de cabellos monos y rojos para solicitar el préstamo de un libro, que lastimosamente no tuvo éxito, pues por enésima vez el solicitado libro no estaba disponible, no había llegado de Medellín, estaba prestado y acá (en Caucasia) no había ejemplar alguno. Una pequeña disputa respetuosa entre la blanca y la negra se desprendió por la causa, mientras insistentemente interrumpía con su inocencia, una baby (hija de Mariela), la conversación: era Zami, con su voz de niña consentida que intentó albergar chistosamente, pero su madre (Susana) no dudaba un segundo en rechazarla, diciéndole groseramente que no molestara: “Vaya a hacer la tarea, no moleste que estoy trabajando”, la primera de ellas estaba medio riéndose silenciosamente detrás del telón, la otra hacía lo mismo, María también, aunque más a su estilo (fuerte), excepto el Caballero o Eder, si así gustan llamarlo, que estaba muy serio porque (según después nos dijo) no llevábamos la secuencia esperada y que por ende no participó casi.
Luego volvió otro “cabeza rapada” rosado (Yasmani), que parecía un oso, a prestar otro libro, obteniendo igualmente una respuesta negativa a su pedido. A partir de ahí se formó una discusión entre casi todos los implicados: la negra, el oso rosado o el ¿joven rapado? y la de labios cornudos. Después apareció de la nada Eder, en forma de viejo bigotudo, quejándose por el servicio obtenido en la biblioteca, cuando Zami ya estaba diciendo tras la “pantalla” que acabáramos y salió con el tentativa de voz de niña: “¿Será que si nos están prestando bien los servicios?”, mientras escondía su mano, su títere, rápidamente y salíamos todos delante del público, demasiado apenados por ser los primeros, y como decimos acá, “cagados de la risa” (LOL).

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