Buscar este blog

jueves, 26 de noviembre de 2009

Sin temor a nada

Creyendo que podía ser peor, o más difícil, una cita con uno de los concejales, pues una mujer me había dicho que eran dificilísimos encontrarlos, ahí estaba, con la opción de elegir a alguno que quisiera, no parecían tan crudos ni tan políticos, sino como cualquier otro trabajador. Se encontraban reunidos charlando, parecía, que de un tema cotidiano, pero tenían cierto rostro de preocupación. Me hicieron seguir, ante ellos me sentí intimidada, pero no por su cargo precisamente, pues los asimilaba como normales, ya que se hallaban vestidos corrientes, hasta desarreglados, no con saco como máximo podía creer, sino que todos me miraron, y siempre tengo la leve sensación de ser el centro de atracción en casos como esos, y que me van a “coquetear” como lo hacen algunos viejos verdes que no son muy lejanos a ellos en su aspecto físico, excepto porque seguro estos eran concientes de su estatus y no podían caer en impresiones que no les favorecieran. A continuación me preguntaron a cuál de ellos necesitaba, dije que a cualquiera, supongo que debió ofrecerse aquél que creyó mi visita para otra razón, percibí otra vez la sensación de que el tipo quería hablar conmigo, “como quien dice, esta chica es interesante” . Finiquitando el inicio de algo que no era el objetivo, procedí a presentarme, nos sentamos y le arroje secamente mis preguntas, claro, después de intentar ser “amable y dulce” con alguien que en ese momento necesitaba, igual la cuestión no duro mucho, el tipo se notaba afanado y sin embargo, me atendió.
Su nombre es Wilson López, concejal del partido liberal, que se encarga del control político y de liderar proyectos para la comunidad, “haciendo de Caucasia, -como todo los políticos afirman- un lugar más cómodo para vivir”.
Las propuestas que en su candidatura lleva son en referencia a los problemas de la salud, la educación, la tercera edad, y la juventud quien, dice, es la que más padece.
Ha participado de la aprobación del proyecto de Subregiones, en lo concerniente al establecimiento del agua potable, saneamiento básico y planes de choque (cambio y reposición de tuberías). Además, de los mejores proyectos que ha liderado, según él, son los de construcción y mejoramiento de viviendas. También cuenta que hace partícipe a la comunidad de los procesos que se llevan, a través de los debates y reuniones.
Y posteriormente, le hago la pregunta que no podía faltar, sobre la violencia, a lo que responde que “debido a los muchos desmovilizados que habitan Caucasia se crean inconvenientes de trabajo, por el desempleo, la falta de inversión social y las posibilidades de laborar, ‘por eso muchos que no tienen qué hacer piensan en hacer cosas malas”, asegura.
Después de la pequeña entrevista me alegré de salir con la satisfacción de tener un pequeño contacto, con al menos, alguien de ese rango.

EN DEFINITIVA, UN BUEN DÍA

Llegué al colegio y no estaba, sentí un alivio y una plena seguridad de que siempre en los casos más urgentes la suerte me acompañaba. Empecé a hablar con mis amigas mientras esperábamos al profesor para presentar la exposición. Ellas apenas saliendo del susto porque creían que no iba a asistir a clases y entonces el profesor fuera a “corcharlas” con preguntas respecto a la partecita de la exposición de mi grupo que a mí me tocaba, me agarraron a preguntas sobre el porqué vine 40 minutos más tarde, yo les dije que como era día sin moto, las metros tardaban 30 minutos en pasar, como máximo, y si iban llenas era otra media hora que habría que esperar, uno nunca podría estar seguro, pues si se diera el caso durarían hasta 45 minutos sin pasar nada, y yo qué podía hacer, por muy temprano que me levantara, ese transporte era impredecible y totalmente “lentejuelo”. Esto más el complemento de que me tocaba caminar para tomar el planchón, durando ahí otros 20 minutos más aproximadamente.
Ellas me entendieron, pero me advirtieron que tuviera cuidado, o que en el futuro llamara a avisarles que demoraba. Luego apareció el maestro, con la típica excusa de sus colegas, que se le había presentado un inconveniente de última hora, mayormente coinciden en que familiar; pero acá charlando arrojamos nuestro juicio, inquiriendo que con esa cara que tenía y el olvidar mencionarnos la exposición, se debían más bien a unos tragos de la noche anterior, una trasnochada y finalmente reflejarlo este día en forma de guayabo ¡qué cuasi irresponsabilidad de su parte! Pasó media hora entre el llamado a lista y algunas preguntas para una previa (examen) que haría el próximo día, hasta que una alumna le recordó las abominables y “karmantes” exposiciones.
Ese día fue terrible, a la mayoría no nos fue bien, ¡que decepción! Además de aguantar tremendo sermón por nuestras “pecuecas exposiciones” decía el muy cínico borrachín, nos soltó 40 minutos más tarde de la hora indicada, a las 12:40pm.
Así regresé a mi casa dentro de una hora que gasté en transportarme, para mi desgracia tenía una cita con el odontólogo a las 2:20pm ¡my god! Tocaba comer, no bañarme y sólo cepillarme, que era lo importante, para que después no espantar con mi aliento de sopa de pescado al doctor, y sin más, irme.
Para rematar la comida no estaba lista, ¿irme sin comer, después de una mañana tan ajetreada? ¡No! Como resultado, en Saludcoop me atrasaron dos citas delante de la mía, por mi inminente hora de aparecer, allá donde las horas están muy bien estipuladas y cronometradas.
Con la desilusión del tiempo que tardé allá, más del esperado, me dirigí a casa, sabiendo que debía devolverme al centro pero esta vez a una cita con mi novio. Con ese bajón de ánimo que tenía con nada me sentía conforme. Cuando fui a cambiarme de ropa para lucir esbelta nada me quedaba bien, me veía gorda, demacrada, horrible definitivamente, eso implicó que probara seis mudas de ropa, a ver cuál me favorecía, y me maquillara mejor que nunca. Aunque el resultado fue grato, quede espléndida, pero mi pareja tuvo que esperar más tiempo de lo acordado, me dijo que aprovechó ir a un almacén a comprar un postre y visitar rápidamente a un amigo, porque si esto no hubiese sucedido podría asegurar que ya no seriamos novios, pues por el extremado rato solo y aburrido que hubiese pasado esperando a su amada.
El día y la noche terminaron como me lo merecía, genial, mi amor me regaló el vestido que tanto deseaba, al rato como es lógico -para mí- fuimos a rumbear, con el cansancio que eso me provocó me dio mucha hambre, entonces decidimos ir a comer, sabiendo ya que iba pasadita del permiso para llegar a casa.
Quedamos repletos, tanto que se nos pasó la “prendida”, lo único malo fue el pequeño regaño que mi madre me proporcionó, casi que me da una bofetada, creo que no lo hizo por no hacerme pasar el oso delante de mi novio. Pero yo solo dije en mi mente, “después del gusto el disgusto”.

lunes, 16 de noviembre de 2009

DEL OTRO LADO DE LA ESCENA.

Tras el pequeño telón, o a decir verdad, la sábana de color rojo, aquella que los demás “cogieron de parche” y sacó de apuros a muchos (de nuestro compañeros), se sentía un pequeño temor y misterio acerca de cómo iban a resultar los hechos allá en nuestra escena (de títeres), que a pesar de no verse nuestro rostros, la angustia nos invadía y no sabíamos cómo actuar para cambiar la voz, impactar, o hacer cosas chistosas que a la vez comunicaran el problema de los préstamos bibliotecarios. Nos disputábamos entre lo práctico o lo ¿improvisado? Algunos no querían, pero intuíamos que “al natural”, en cuestión de títeres, era más divertido. Algunos como Zami querían agregar un papel extra, algo chistoso: el de la supuesta hija de la bibliotecaria de la universidad (Mariela), además de recomendarle a Eder que representara a Mauricio (un monitor de biblioteca), pero no quería, puesto que ya había otro papel como alumno para él, pero ella, insistía en que su forma de hablar y expresarse se asemejaban a la de aquel. No obstante, nos llegó el momento.
¡Puff!, como un choque entre parejas, así fue el inicio, la presentación: “¿Tú qué haces por aquí?” -se respondió- “voy a prestar un libro” –y refunfuñando- “pues al próxima fíjate por dónde caminas”. Acto seguido, una muñeca de labios rojos cornudos, cabello corto y “blanca” (o amarillenta), era Mariela, a quien acudió una alumna negrita de cabellos monos y rojos para solicitar el préstamo de un libro, que lastimosamente no tuvo éxito, pues por enésima vez el solicitado libro no estaba disponible, no había llegado de Medellín, estaba prestado y acá (en Caucasia) no había ejemplar alguno. Una pequeña disputa respetuosa entre la blanca y la negra se desprendió por la causa, mientras insistentemente interrumpía con su inocencia, una baby (hija de Mariela), la conversación: era Zami, con su voz de niña consentida que intentó albergar chistosamente, pero su madre (Susana) no dudaba un segundo en rechazarla, diciéndole groseramente que no molestara: “Vaya a hacer la tarea, no moleste que estoy trabajando”, la primera de ellas estaba medio riéndose silenciosamente detrás del telón, la otra hacía lo mismo, María también, aunque más a su estilo (fuerte), excepto el Caballero o Eder, si así gustan llamarlo, que estaba muy serio porque (según después nos dijo) no llevábamos la secuencia esperada y que por ende no participó casi.
Luego volvió otro “cabeza rapada” rosado (Yasmani), que parecía un oso, a prestar otro libro, obteniendo igualmente una respuesta negativa a su pedido. A partir de ahí se formó una discusión entre casi todos los implicados: la negra, el oso rosado o el ¿joven rapado? y la de labios cornudos. Después apareció de la nada Eder, en forma de viejo bigotudo, quejándose por el servicio obtenido en la biblioteca, cuando Zami ya estaba diciendo tras la “pantalla” que acabáramos y salió con el tentativa de voz de niña: “¿Será que si nos están prestando bien los servicios?”, mientras escondía su mano, su títere, rápidamente y salíamos todos delante del público, demasiado apenados por ser los primeros, y como decimos acá, “cagados de la risa” (LOL).