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domingo, 30 de agosto de 2009

PARADÓJICA

Todos cuando la miran encuentran en ella características atractivas. Cuando se está con ella se parece estar con una hija a la que se le quiere mucho, se ayuda y cuida. Y también se le aconseja para protegerle de aquellos que no paran de mirarle en esa parte que casi parece tocarle su barbilla, y menos dejan de hacerlo porque ella se permite a sí misma resaltar con todo lo que pueda lo que tiene; a ellos no les importa que parezca niña o que tenga esa carita de las que se estremecen y apenan cuando escuchan atentamente consejos maduros de quien los oriente.
Cuando te fijas en ella estando atenta a un tema que no es de su común, en su rostro se refleja un “no lo sabía, es extraño, no te entiendo casi” algo así como si fuera una mascota reprendida. Pero aun así no es de fiar totalmente porque te puede sorprender.
Cuando menos lo esperas, y la haces dormida o fastidiada en su casa, te deja perplejo con lo que pasó esa noche bajo las sábanas. Esa vez, emocionada narraba que a pesar de que el miedo la invadía, ella proseguía, pero procurando conservar la pureza del matrimonio, aunque quizás ésta no lo espere. En un momento estuvo conciente y sin estimulantes en su cabeza; la impulsaba era la atracción física y una voz tierna que era acompañada de palabras adornadas. Vivía el instante de pocas pero intensas horas sin importar herir a alguien. Sin embargo, en aquel lugar no perdió su fruto mas por haber avanzado tan rápido que simularía haberlo hecho. Pero lo que sí hizo, es lo que en consideración pudo ser después, por no tener la fuerza en su apenado rostro de pronunciar un rotundo no, es ahí donde se deja ver su mayor característica, que quien la mire la distingue.
Esa actitud que la identifica le ha permitido continuar un juego que no le interesa, pero simula estar jugando. Pone a vuelo todos sus pensamientos e inventa toda clase de absurdos que montan en las nubes a quien la escuche, y le cree ¿o tiene la suficiente experiencia para hablar de sexo y sus pasiones o es producto de su imaginación?
Hubo un momento en que para no herirme intentó aseverar y tomar su postura, pero no pudo seguir manteniéndola… “Porque ella es así”. Es por eso que continuó y sigue prolongándose dándole vida a un ser que parece depender de ella con ilusiones que le pinta -creo yo- “utópicas”.
Ay niña que a veces no parece ser, más sí cuando escribe lo que su alma le indica y saltan de ella palabras que hacen quererla y apreciarla. Frases que un corazón sin heridas e impurezas puede concebir: mandar mensajes diciendo que te extraña, o un “tqm” para recordarte su amistad, son esas cosas las que la hacen incambiable e imposible de alejártele.
Y algo más, lo que la complementa: en casa o en la plaza cuando nos despedimos, para irnos a dormir, después de una larga e intensa charla sexual o “cursi”, sostiene sus brazos encima de mis hombros y ¡zaz! Pareciera…, pero finalmente es como un abrazo. Toca decir, “amiga,pareciera que fuéramos novios”.

sábado, 29 de agosto de 2009

LA MAYOR ENSEÑANZA DEMI VIDA

No sé desde qué momento empezó, sólo que fue casi toda mi niñez, principalmente cuando entré a la academia, desde primer grado de primaria.
Recuerdo que siempre he sido una niña dedicada y estudiosa, era de las mejores en mi aula. La verdad es que todo inició tal vez cuando mi padre me daba clases de algunas materias, especialmente matemáticas. Se ponía como todo un padre responsable a enseñarme su disciplina preferida, y yo era muy buena. Inclusive en esas épocas de seis a nueve años me llevaba algo más que adelantada a lo usual en mis clases escolares, pues realizábamos los ejercicios de los libros -aquel de tan llamativo nombre, Ingenio matemático- antes de a ver visto los temas en el colegio. En cuestión a otras materias no era tan evidente como en las matemáticas pero estaba muy al pendiente haciéndome preguntas acerca de naturales, español, ortografía o lo que veía en la televisión relacionado con geografía, en fin cosas académicos.
El hecho es que sus enseñanzas, aunque provechosas, eran bastante terribles para una niña de mi edad, pues me inculcaba temor al error porque me censuraba fuertemente, me trataba con palabras obscenas y groserías en las que me juzgaba de idiota, y todos los sinónimos que haya, que es mejor no nombrarlos para no ensuciar este escrito.
Cuando pronunciaba mi nombre así de pronto, me asustaba por saber que se refería al dictamen de sentarnos en la mesa de comer y ponerme la tarea. En esos momentos me preocupaba el no entender algunos conceptos y no saber cómo formulárselo, debido a que él podría entrar en furia y ¿tal vez me pegará? Aunque ahora que recuerdo creo nunca lo hizo por una razón parecida.
De esta forma mi papá me infundió mucho el hecho de estar haciendo labores productivas y no “pasar en la calle” como decía él. Pues por andar por ahí “juegando y sin chanclas” ¡uff! Cuántas reprimendas y correazos no me gané. De dichas situaciones asimilé que el estudio es muy importante y el hecho de aprender para la vida. Sin embargo, reconozco que me eduqué, más bien, para manejar mi tiempo entre lo divertido y lo académico. Porque realmente haciéndome una introspección, lo que soy es alguien responsable ante todo, aunque me guste divertirme como cualquier nerd no haría por estar ocupado estudiando o pensando que “salir es malo”; lo que soy es por mis propias convicciones y no la presión de mis padres, sinceramente es por soy “conciente”.
Pienso ahora que aquellas fueron las mejores enseñanzas de mi infancia y quizás de mi vida, más que la de mis profesores, mi mayor profesor: mi papá, que no sólo me enseñó matemáticas y demás, sino a habituarme para lo importante en mí camino.
Sin querer oscurecer la imagen que hasta el momento les llevo de mi padre, reflexiono, ahora que estoy grande, que no me puede pegar, llego a las tres am., estoy en la mejor universidad del país, me visto como quiero, vivo lejos de mi casa, entre otros; lo que resultó equivoco a partir de esa experiencia, es crearme un cierto miedo y poca confianza hacia él, tanto para no poder sentarnos a entablar una conversación de 20 o 30 minutos, a menos que esté borracho. O todavía ponerme nerviosa cuando me pregunta algo y no lo sé. Duro dos o tres días haciéndome la misma pregunta: “¿Zalma, cuál es la capital de Tailandia?”, yo respondí temerosamente, “papi, no sé”. O supongo que era para que yo no olvidara la respuesta: “(Gritando) vaya al colegio que le devuelvan la plata, esos profesores que no saben na’; y vaya busque el diccionario”, o tal vez comprobar que entre veces no era la “idiota” que aun creía ¿o cree? “Papi, es Bangkok”